10 septiembre 2007

Agua caliente.

Ahhhh... la belleza de las cosas sencillas.
Desde la última semana de Junio ni me he podido dar una ducha caliente ni he podido freír un huevo.
Dos meses y medio comprobando que la austera vida de los monjes trapenses ni es buena para el cuerpo, ni quita la celulitis, ni aclara el alma turbia, ni reafirma el cutis ni hostias.


Por no hacer, ni siquiera te baja la libido.

Por supuesto nada en la faraónica obra de la cocina es tan sencillo.

El viernes después de que los de Gas Natural pusieran el contador y estuve con el Oso hasta la 1 a.m. limpiando y ajustando el paso general del agua caliente por que por algún misterio no salia ni gota por los grifos.

Dicho así suena muy bien, pero todo lo hizo el, yo solo le pase los destornilladores y el teflón y me contorsioné para cerrar con un alicate la conexión al bidé, no hay espacio material para hacer nada con una llave inglesa, en un futuro, (cuando se me pase el cabreo general), tendremos que desmontarlo entero para arreglarlo de verdad.

La alegría no ha durado mucho por que la instalación de gas esta hecha de tal manera que ahora no puedo abrir la lavadora ni una de las hojas de la ventana, tengo que llamar para que la rehagan.*

Ser propietario no es la alegría infinita que nos quieren hacer ver los anuncios de hipotecas, advertidos quedáis.

*Si, me voy a quedar de nuevo sin gas. Espero un motín en casa para el miércoles que viene aprox., a lo mejor me animo y todo y lo organizo yo misma.

2 comentarios:

Patch dijo...

Anímate, cordera! Por lo menos es verano aún, así que se agradece salir de la ducha fresquita...

Chandler dijo...

Mucho ánimo.
¿Por qué no hicieron las conexiones contigo delante? Así (a lo mejor con suerte) lo habrían hecho bien a la primera.